El primer viaje
Creíamos que una vez dejado el avión, tendríamos que coger un único autocar en dirección a nuestro destino, pero al final resultaron ser dos.
Nos hicimos unos carnés de estudiantes y sólo nos descontaron dos libras de las veintiuna que costaba. Cogimos el autobús a la una, por problemillas de comprensión por mi parte. Bueno, así tuvimos tiempo para comer en el Nero Café, una mierda de lugar fastfoodiano pero en el que, si las camareras están muy estresadas, puedes marcharte sin pagar (¡mamá, no fue culpa mía, es que me llevan por el mal camino! XDDD).
A las cuatro, subimos al segundo autocar donde un conductor muy inglés nos recordó que un chico no se puso el cinturón de seguridad y falleció cuando iba en autobús en dirección a Lourdes, así que era mejor que nos guardáramos en salud y nos aseguráramos los malditos cintos que nos ahogaron durante todo el viaje.
Aunque el tipo tomaba las curvas como el busero de Harry Potter (guiño guiño), llegamos sanos y salvos. A Hatsue, afortunadamente para ella, el traqueteo carreteril la adormece y le pasó muy rápido. A mí también, pese a todo lo dicho. El vehículo no tenía aire acondicionado pero iba con las ventanillas abiertas y el aire entraba fresquito: la sensación de una moto con las ventajas de un autocar (donde, por cierto, tuvimos las piernas bien estiradas sin problema alguno).
El segundo
Éste ha sido peor, porque el autobús que debíamos coger estaba "full", así que "ful", tuvimos que esperar hasta las seis y llegar a las siete y media. El frío y la lluvia empiezan a arreciar y los equipajes pesan más. ¡En serio! Fuimos contrarreloj subiendo una pendiente para atrapar el bus que nos llevara a casita. Lo atrapamos, pero las llagas en las manos no son bellos recuerdos.
El viaje, por eso, fue cómodo. A diferencia del viaje de vuelta, donde los niñitos hijosdeputifey dieron la brasa pero a base de bien, en este todo fue rodado. Comodidad absoluta (obviando el frío que pasamos esperando el autocarcito.
Así pues, el viaje desde Barcelona hasta Southampton es largo pero cómodo. La duración (doce horas) es más culpa de la facturación y las esperas para hacer los transbordos que por el viaje en sí, pues entre el avión y el autocar apenas suman cuatro horas. Todos los que penséis venir a visitarnos, bienvenidos seáis.
Para que no se os haga tan duro el viaje, os dejamos este vídeo. Sólo tenéis que pasarlo trescientas una veces para saber lo que os espera. XDDD
Un abrazo!
Creíamos que una vez dejado el avión, tendríamos que coger un único autocar en dirección a nuestro destino, pero al final resultaron ser dos.
Nos hicimos unos carnés de estudiantes y sólo nos descontaron dos libras de las veintiuna que costaba. Cogimos el autobús a la una, por problemillas de comprensión por mi parte. Bueno, así tuvimos tiempo para comer en el Nero Café, una mierda de lugar fastfoodiano pero en el que, si las camareras están muy estresadas, puedes marcharte sin pagar (¡mamá, no fue culpa mía, es que me llevan por el mal camino! XDDD).
A las cuatro, subimos al segundo autocar donde un conductor muy inglés nos recordó que un chico no se puso el cinturón de seguridad y falleció cuando iba en autobús en dirección a Lourdes, así que era mejor que nos guardáramos en salud y nos aseguráramos los malditos cintos que nos ahogaron durante todo el viaje.
Aunque el tipo tomaba las curvas como el busero de Harry Potter (guiño guiño), llegamos sanos y salvos. A Hatsue, afortunadamente para ella, el traqueteo carreteril la adormece y le pasó muy rápido. A mí también, pese a todo lo dicho. El vehículo no tenía aire acondicionado pero iba con las ventanillas abiertas y el aire entraba fresquito: la sensación de una moto con las ventajas de un autocar (donde, por cierto, tuvimos las piernas bien estiradas sin problema alguno).
El segundo
Éste ha sido peor, porque el autobús que debíamos coger estaba "full", así que "ful", tuvimos que esperar hasta las seis y llegar a las siete y media. El frío y la lluvia empiezan a arreciar y los equipajes pesan más. ¡En serio! Fuimos contrarreloj subiendo una pendiente para atrapar el bus que nos llevara a casita. Lo atrapamos, pero las llagas en las manos no son bellos recuerdos.
El viaje, por eso, fue cómodo. A diferencia del viaje de vuelta, donde los niñitos hijosdeputifey dieron la brasa pero a base de bien, en este todo fue rodado. Comodidad absoluta (obviando el frío que pasamos esperando el autocarcito.
Así pues, el viaje desde Barcelona hasta Southampton es largo pero cómodo. La duración (doce horas) es más culpa de la facturación y las esperas para hacer los transbordos que por el viaje en sí, pues entre el avión y el autocar apenas suman cuatro horas. Todos los que penséis venir a visitarnos, bienvenidos seáis.
Para que no se os haga tan duro el viaje, os dejamos este vídeo. Sólo tenéis que pasarlo trescientas una veces para saber lo que os espera. XDDD
Un abrazo!
No hay comentarios:
Publicar un comentario