jueves, 18 de octubre de 2007

Hablar sentados en el suelo

Después del paseo, nos sentamos con mi madre en el suelo de la salita (no se le puede llamar “salón”). La moqueta, pese a lo guarra que pueda llegar a ser, resulta cómoda si olvidas por un momento que puede proporcionarte infecciones cutáneas y el síndrome de Tourette ¡barf! ¡puta! ¡fck! ¡cagondios! ¡spg! ¡ñ!

Estuvimos hablando con ella, bueno, casi mejor “oyéndola” relatar las etapas del aparatoso viaje y sus recuerdos de su road movie por el desierto de Marruecos en 2006, una aventura totalmente envidiable. La conversación la llevó un poco más Hatsu, mientras yo escuchaba y callaba.

Se estaba bien en el suelo. Me estiraba como un perro o como un gato. Miraba el techo, la claraboya de la habitación. La lluvia caía contra el cristal pero no se veía nada. La luz mortecina de la sala, pese a sus efectos infortunadamente nocivos para nuestras retinas (nos dejaremos la vida leyendo), relaja, convierte cualquier cacareo en una charla agradable y distendida. ¡Te hace sentir como un bohemio realmente interesante! XD

Acabadas las palabras, nos fuimos a dormir. Al día siguiente, se marcharon.

1 comentario:

Madame Blavatsky dijo...

qué bonito. Ahora ya podéis decir que es vuestro hogar, pq esa forma de hablar de la casa...

estoy deseando pisar esa moqueta.