Innecesarios
El martes, Julian nos dijo moqueando que no había trabajo para el miércoles, pero sí para el jueves; luego, estornudó y se despidió de nosotros.
Bart the Brat y yo quedamos así con él y el jueves, día número doce, a las ocho de la mañana, nos encontramos en la warehouse con Allan y dos tipos más (uno de ellos era el tío de Latvia que conocí en la Farm). Todo era un caos porque ni el bueno de Allan sabía la contraseña necesaria para abrir el ordenador de pedidos de Aurora, además de que éramos cuatro mozos para unas pocas cajas peso-pluma.
La razón de tanto desbarajuste era que Julian había sucumbido al constipado y habían tenido que sustituirle aprisa y corriendo. Y resulta que el loco de Julian no había avisado a Flame de nada y Allan, al verse desvalido, había llamado a la agencia para que le mandaran dos pedazos de carne que pudieran descargarle los camiones.
Resumen, que Bart y yo sobrábamos allí, que habíamos madrugado para llegar a un sitio donde no nos necesitaban, que tuvimos que jodernos y volver a casa, no sin antes, claro está, de hacerle una visita a la flamígera compañía. :)
El coche de Bart
Bart me llevó con él a ver a la Flame. Fue curioso, el trayecto quiero decir, porque su coche es polaco: vino con él desde Polonia. Esto implica que el volante no está donde debería estar si se quiere ser un buen British y que yo me sentaba en la posición del conductor sin volante alguno. Bart me dijo que tenía problemas con la polia, porque pagaba el seguro en su país, que es más barato, y eso no le gusta a los ingleses, ya que si utilizas sus carreteras (o casas o suelo o aire), tienes que ofrecer unos cuantos pounds contantes y sonantes.
Me enciendo
“Sorry a lot, guys. We didn’t know anything till this morning.”
¿Sorry? ¿Se creían que con un sorry de mierda iban a soliviantar mi madrugón a las seis y los £3,50 del billete de autobús? FUCK OFF!!
Me estuve quejando un buen rato, pero razonadamente: enfadado pero educadamente, muy British, aunque lo British lo perdí pronto. Intenté razonar con ellos para que al menos me devolvieran el dinero del transporte. Alegué que el martes había hablado por teléfono con Russell, el mequetrefe de la agencia, y le había comentado que Julian me había pedido que volviera el jueves. El cabrón decía que no se acordaba. Gemma era tajante en su “we won’t refund you the ticket” y, fuera de mis casillas, me saqué la picha y me meé encima de sus mesas. ¡No! Era broma. Cogí y me marché, pero me fui sin decir un “Bye bye, love” ni un “Excuse me”, ¡que aquí es de una unpolitenidad de la hostia! XD
El martes, Julian nos dijo moqueando que no había trabajo para el miércoles, pero sí para el jueves; luego, estornudó y se despidió de nosotros.
Bart the Brat y yo quedamos así con él y el jueves, día número doce, a las ocho de la mañana, nos encontramos en la warehouse con Allan y dos tipos más (uno de ellos era el tío de Latvia que conocí en la Farm). Todo era un caos porque ni el bueno de Allan sabía la contraseña necesaria para abrir el ordenador de pedidos de Aurora, además de que éramos cuatro mozos para unas pocas cajas peso-pluma.
La razón de tanto desbarajuste era que Julian había sucumbido al constipado y habían tenido que sustituirle aprisa y corriendo. Y resulta que el loco de Julian no había avisado a Flame de nada y Allan, al verse desvalido, había llamado a la agencia para que le mandaran dos pedazos de carne que pudieran descargarle los camiones.
Resumen, que Bart y yo sobrábamos allí, que habíamos madrugado para llegar a un sitio donde no nos necesitaban, que tuvimos que jodernos y volver a casa, no sin antes, claro está, de hacerle una visita a la flamígera compañía. :)
El coche de Bart
Bart me llevó con él a ver a la Flame. Fue curioso, el trayecto quiero decir, porque su coche es polaco: vino con él desde Polonia. Esto implica que el volante no está donde debería estar si se quiere ser un buen British y que yo me sentaba en la posición del conductor sin volante alguno. Bart me dijo que tenía problemas con la polia, porque pagaba el seguro en su país, que es más barato, y eso no le gusta a los ingleses, ya que si utilizas sus carreteras (o casas o suelo o aire), tienes que ofrecer unos cuantos pounds contantes y sonantes.
Me enciendo
“Sorry a lot, guys. We didn’t know anything till this morning.”
¿Sorry? ¿Se creían que con un sorry de mierda iban a soliviantar mi madrugón a las seis y los £3,50 del billete de autobús? FUCK OFF!!
Me estuve quejando un buen rato, pero razonadamente: enfadado pero educadamente, muy British, aunque lo British lo perdí pronto. Intenté razonar con ellos para que al menos me devolvieran el dinero del transporte. Alegué que el martes había hablado por teléfono con Russell, el mequetrefe de la agencia, y le había comentado que Julian me había pedido que volviera el jueves. El cabrón decía que no se acordaba. Gemma era tajante en su “we won’t refund you the ticket” y, fuera de mis casillas, me saqué la picha y me meé encima de sus mesas. ¡No! Era broma. Cogí y me marché, pero me fui sin decir un “Bye bye, love” ni un “Excuse me”, ¡que aquí es de una unpolitenidad de la hostia! XD
4 comentarios:
jajaja, joder Ricardo, cómo has osado?? y seguro que también te llevaste un boli en el que no ponía "robado a mi agencia de trabajo temporal"! :-)qué bien, ahora tengo referentes reales para tus historietas apocalípticas.
jajajajaa!!
Hombre son, cuanto tiempor eh??
Como llegaste? Que viste en Londres?? Ni un triste mail??
Snif, snif
déjala, es una despegá!
desde luego, ricardo tus tragedias son tan literarias que YO no quiero tener un referente para situarlas, quiero seguri imaginándomelas yo solita!!!!!! todavía no voy a visitaros, fíjate!!
jejejej
beso.
ya, eché en falta deciros nada pero es que he tenido muchas cosas en qué pensar, como por ejemplo... La trágica pérdida de mi móvil nada más llegar a bcn... pues en londres fue un poco mierda porque vi muchas cosas en poco tiempo y me estresé. además me empeñé en encontrar un wc gratis y eso resultó muy desgastador físicamente pero satisfactorio cuando lo conseguí. me lo pasé muy bien con vosotros!!!
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