miércoles, 16 de abril de 2008

La Lola se va a los puertos

Camino de mi tercera faena

Obviamente, como James y Marius habían estado currando desde el lunes, tenían preferencia, no como sucedió con Brat y conmigo en Aurora. Así que, sintiéndolo mucho, Allan me dijo que sólo habría tres camiones el jueves y que sólo necesitaban a dos personas. Yo lo entendí. Había sido yo el que había renunciado al martes (por buenas y nunca regrettable reasons).

El viernes, Gemma me llevó en su coche al puerto, a un nuevo trabajo donde, si había suerte, estaría dos semanas. Su música era mucho mejor que el 50-cent del mequetrefe de Russell y fue mucho más amable, explicándome quiénes serían mis compañeros y cómo era el lugar y qué haría en él. Fue desalentador. Era un almacén de empaquetamiento de fertilizantes. Imaginé toneladas de mierda, una peste a muerto insoportable, tobilleras contra las mordeduras de las ratas y vacunas contra la difteria.

Esta vez me sentí mucho más protegido que la primera vez que Russell me abandonó en frente de Flame, a mi suerte. De lejos se veía una torre inmensa, más bien como una chimenea espectacular cúbica y metálica con el emblema del almacén: la espiga de trigo de “Usborne Feritilizers”.

The docks

Los muelles son una ciudad aparte, otra Soton, donde rigen leyes diferentes. Es una tierra de máquinas, donde los hombres (las única mujeres que vi fue en póster) trabajan para ellas. Los contenedores enorme que traen los cargueros desde China se apilan formando pequeñas Nueva Yorks más inhumanas todavía donde sólo habitan piezas de recambio y cajas llenas de cajas. Existe un edificio en la entrada número diez donde creo que se “fabrica” pan, el pan de molde Hovis que se puede adquirir en el Iceland o en el Farmfood o en el Aldi sale de ahí. En letras grandes se puede leer Solent Mills (mills: “molino” y “fábrica”) Rank Hovis the Miller’s. Un rótulo colgado en todo lo alto de un edificio de ladrillo de diez plantas sin ventanas. Un edificio tan desalentador que te hace pensar tanto en el himno de Pink Floyd como en el último corto de Memories de Katsuhiro Otomo (Carne de Cañón). Otra Soton, pero adaptada para los engranajes ruidosos de las máquinas.

Primer contacto

Salí del coche y ahí, detrás de una valla, me esperaba John, el jefe del almacén, que me presentó a Randy, el manitas y conductor de forklift de cuyo nombre nunca he estado seguro y que, cabe la posibilidad, no sea Randy. Fueron todos muy amables, y me presentaron a todo el mundo, acogiéndome como una familia al hijo desaparecido. Me dieron un mono naranja de butanero y me acompañaron a la zona de trabajo.

En realidad, pese a lo que pensé, lo más apestoso e insaludable allí era el rotulador permanente con que tenía que escribir las cantidades de los diferentes productos de la fórmula química, entre los cuales estaban el magnesio, el potasio, el azufre o el fósforo. Debo decir que dependiendo de la mezcla, el polvo que emanaba de las bolsas resultaba irritante al contacto con la piel, pero ni la mitad del daño que me hacía inhalar el olor de la tinta insalubre del bolígrafo de Briareo.

El lugar constaba de dos cintas transportadoras y dos máquinas enormes que dosificaban las cantidades con que se llenaban los sacos de quinientos quilos que debía atar con presillas y en los que debía apuntar la fórmula y el número ordinal. Luego, Randy y John los apilaban afuera con los toros. Así nueve horas (no ocho) con dos descansos y un parón para comer.

Afuera había otra nave donde se apilaban montañas de arena, creo, en la que nunca entré y donde una niebla perenne de polvo impedía ver el fondo o lo que podía estar tejiéndose allí dentro.

Primeras preguntas

P: ¿Te gusta el fútbol?
R: No, me gusta el tenis.
P: Ah…

P: ¿Te gustan las motos y los coches?
R: No, me aterran.
P: Ah…

P: ¿Qué piensas de las mujeres inglesas?
R: Son muy… abiertas.
P: ¿Liberadas sexualmente, quieres decir?
R: Ssí. (No, en realidad pienso que son una pandilla de putas integrales, muñecas de plástico para estrujar, violar y tirar, más superficiales que la propia piel, cuyos grititos “amabilitos” me crispan los tímpanos y los nervios.)

4 comentarios:

Madame Blavatsky dijo...

jajjajaj, qué duro eres con las pobres inglesitas. si algunas son majas... bueno, UNA! para mí.

parece que Gemma se está enmendando no?, más amable y tal...

tu vida laboral sigue siendo una cruzada... pero esta semana que viene no currarás, no?

Anónimo dijo...

No lo sé.

Anónimo dijo...

joder el tío, más escueto no podías ser... rancio.

Marc dijo...

Hola,

yo siempre he oído que las inglesas son las más fáciles de todas, vivan las inglesas!!