martes, 13 de mayo de 2008

Catedrales

Winchester y Salisbury son dos destinos a los que hemos ido haciendo mención y de los que apenas hemos hablado en profundidad. ¿Qué tienen en común? Pues la magnificencia de sus catedrales góticas. Ambas parecen dos naves enormes caídas del cielo. Envejecidas por el tiempo (en ambos sentidos), resultan aún tan impresionantes como dos buques encallado en tierra devorados por las algas y el salitre.

Winchester

A la ciudad con nombre de rifle fuimos un fin de semana de finales de octubre, coincidiendo con un delicioso tiempo de perros (siendo los días previos totalmente soleados); Hatsue defendía la lluvia porque representaba el auténtico espíritu británico; al unísono, la mandamos “a la playa”. Por suerte, en la catedral estábamos a cubierto. Es hermosa. Construcciones así lo hacen a uno darse cuenta del poder beatífico que podía tener una piedra en época medieval.


Empezada a edificar en el siglo XI pero no terminada hasta el siglo XVI, alberga verdaderos tesoros en su interior. Desde el coro (el lugar donde se junta el clero para cantar los oficios divinos) medieval más antiguo de Inglaterra, que se ha mantenido casi intacto, hasta una obra contemporánea del artista Anthony Gormley titulada “Sound II”, que está situada en la cripta y que, personalmente, me encantó por su relación con el espacio; desde la Biblia de Winchester del siglo XII, que tardó veinte años en realizarse y que está considerada una de las más bellas del periodo (por eso habrá que pagar), hasta la tumba de la famosa escritora Jane Austen, que descubrimos que no es tan famosa. Sobre esto último hay que detenerse (aunque es difícil, porque al estar a pocos metros de la entrada pasas casi sin inmutarte), y hay que denunciar que es vergonzoso que sobre su lápida no se haga ni una referencia a su obra literaria; eso sí, al lado, en la pared, hay una plaquita a modo de parche, recordando que, aunque mujer, también hacía “cosas de hombres” (esto no lo pone, pero se sobreentiende, vamos).

Salisbury

La catedral de Salisbury es un mundo aparte. No porque fuera de las pocas catedrales que se construyeron en tan sólo treinta y ocho años (1220-1258) y en un único estilo arquitectónico, sino porque, dicho institucionalmente, ES-LA-HOS-TIA. Su catedral también se distingue por tener el campanario más alto de toda esta isla. O sea, que les parecía poco tener Stonehenge y Old Sarum (una fortaleza sajona de la Edad de Hierro), y se dijeron, pues hacemos un campanario alto de narices, total, sólo es cargar piedra. Debido a esto se considera que Salisbury pudo ser un posible asentamiento vascónico. XD

La entrada es “gratuita”, aunque “te aconsejan” que “dejes” una “donación voluntaria” para su mantenimiento de cinco pounds por adulto. Dentro, con el dinero en nuestros bolsillos, fue divertido ver cómo un grupo de escolares aguantaban estoicamente la chapa del guía (un yayo) mientras nosotros campábamos a nuestras anchas (¡sí, somos mayores, hacemos lo que queremos mientras nos lo permitan y paguemos impuestos!). Y repito, nos flipamos más que en Winchester (tal vez porque en el otro viaje gran parte del grupo parecía interesarle más bien poco “el decorao” y, en cambio, con Laia, resultó muy agradable porque podíamos recorrerlo todo tranquilamente; luego, con Sonia, como nos perseguían los dos haitianos fue un visto y no visto, por patas que salimos).


Vimos el reloj mecánico en funcionamiento más antiguo de Europa (eso lo supo Hatsue por el folleto, de los cuales tiene la casa llena); vimos el arco de tijera, elemento típico y único de la arquitectura inglesa (nos informó Hatsue); y una de las cuatro copias que se conservan de la Carta Magna y una traducción manuscrita de la mano de Geoffrey Chaucer (Hatsue, con sus conocimientos de paleografía, nos vaciló). Desgraciadamente, no se podían sacar fotos de estas exquisiteces porque estaban vigiladas por dos intimidantes yayas con bigote.

Altares

De ambas visitas, hay algo que me dejó estupefacto y cuya duda me carcome desde dentro, me vengo a referir a sus altares. Los miras, los remiras, los re-remiras, y no puedes evitar preguntarte: ¡¿AQUÍ OFICIAN HEAVIES SATANISTAS O QUÉ?!


Sonando: ¿Qué música podría sonar en una misa con estos altares?

5 comentarios:

Madame Blavatsky dijo...

Sin duda una de Judas Priest, aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh (cantado con falsete a lo Bee Gees), bienvenidos al ritual del metaaaaaaaaaaaaal.

qué bueno, por dios.

en cuanto a lo histórico es todo súper interesante, aunque, una cosa: me resulta difícil leer el texto de la lápida de jane austen, pero he visto que destacan el nombre, de su marido? porque ella no tuvo pseudónimo...

Anónimo dijo...

Que miedo daban las yayas con bigote!!! :S suerte que Hatsue no se dejó intimidar por ellas! XP

hatsue-san dijo...

Es el nombre de su padre, que era reverendo y por tanto muy conocido en al zona.
JAJAJAJA! Sí, las yayas con bigote eran terribles, epro yo no me amedrento fácilmente!

Anónimo dijo...

Judas Priest y yayas con bigote: ese es el resumen de una visita cultural.

Como diría Míster Zaca: Olé!

Marc dijo...

UUAUU... IMPRESIONANTE :-)