Una de las cosas que me resulta más insufrible de este país son la cantidad de datos que te piden siempre.
Cuando vas al banco y quieres retirar dinero, como aquí no tienen el carné de identidad, pues te piden datos para verificar que eres tú. Hoy, por ejemplo, he sacado el dinero del alquiler. Este es el último mes que pagamos en efectivo, a partir de las siguientes cuatro semanas (sí, AQUÍ no pagas por mes, sino por semanas, ¿por qué? Muy sencillo: son doce meses pero trece periodos de cuatro semanas). Pues me han hecho firmar el recibo y luego, por detrás, escribir mi dirección, mi código postal, mi fecha de nacimiento y mi número de teléfono (del cual nunca consigo recordarme, ¡es que son once cifras!). Me parece un coñazo, la verdad.
Pero lo peor es con los trabajos. Les gustan mucho las application forms, que es lo mismo que tiene uno en el currículum pero en un papel en color, con el logo de la compañía, y unas cuantos datos racistas, clasistas e inútiles. Además de reescribir la información de mi currículum decenas de veces, he tenido que responder montones de veces si he estado en la cárcel, si me persigue la ley, si REALMENTE quiero trabajar para la compañía, hacer un psicotécnico acerca de mi personalidad,… Los datos que más me joden son: uno, mi “raza” y mi religión; y dos, mis trabajos anteriores, donde debo saberme el nombre de mi jefe, su número de teléfono para que puedan contactar, el lugar de trabajo donde estuve y la dirección, además del periodo y el puesto que ocupaba, cosas que obviamente he olvidado porque tengo mejores cosas que guardar en mi cabeza.
Cuando vas al banco y quieres retirar dinero, como aquí no tienen el carné de identidad, pues te piden datos para verificar que eres tú. Hoy, por ejemplo, he sacado el dinero del alquiler. Este es el último mes que pagamos en efectivo, a partir de las siguientes cuatro semanas (sí, AQUÍ no pagas por mes, sino por semanas, ¿por qué? Muy sencillo: son doce meses pero trece periodos de cuatro semanas). Pues me han hecho firmar el recibo y luego, por detrás, escribir mi dirección, mi código postal, mi fecha de nacimiento y mi número de teléfono (del cual nunca consigo recordarme, ¡es que son once cifras!). Me parece un coñazo, la verdad.
Pero lo peor es con los trabajos. Les gustan mucho las application forms, que es lo mismo que tiene uno en el currículum pero en un papel en color, con el logo de la compañía, y unas cuantos datos racistas, clasistas e inútiles. Además de reescribir la información de mi currículum decenas de veces, he tenido que responder montones de veces si he estado en la cárcel, si me persigue la ley, si REALMENTE quiero trabajar para la compañía, hacer un psicotécnico acerca de mi personalidad,… Los datos que más me joden son: uno, mi “raza” y mi religión; y dos, mis trabajos anteriores, donde debo saberme el nombre de mi jefe, su número de teléfono para que puedan contactar, el lugar de trabajo donde estuve y la dirección, además del periodo y el puesto que ocupaba, cosas que obviamente he olvidado porque tengo mejores cosas que guardar en mi cabeza.
1 comentario:
vale si, pero a mi en Granada cuando he intentado alquilar una peli en un videoclub del cual no era socio me pedían una factura o el contrato del piso que tenía alquilado, me faltaba darles una copia de las llaves, por si se quieren pasar a tomar algo...
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