sábado, 12 de enero de 2008

El primer día de trabajo

La puerta frente a la que me dejaron requería un código, igual que la salida del parking donde me encontraba. En el timbre no respondía ni Jesús (¡qué pasa, torete!). Al final un tipo me abrió la puerta. Le saludé y le dije que venía de Flame Jobs. “Inside, inside” me dijo, y se fue. Dentro, había tres puertas. La primera a la que me asomé daba a la “cantina”, que en realidad son mesas con sillas de plástico fijadas a ellas, como las de la universidad pero de cuatro asientos solamente; había tres máquinas: una para lo que los ingleses llaman café, otra que dispensaba o patatas o chocolatinas, igual que todas las máquinas dispensadoras de Reino Unido, y una última que tenía bebidas como Coke, Pepsi o Tango Orange, never ever water.

En la segunda leí el cartel de “Reception”. Fui a abrir esperanzado pero requería un código. Abajo, pegado con celo, una hoja advertía que no debía intentarse abrir la puerta o sonaría la alarma. Vamos, toda una señora recepción. Oía voces, pero por mucho que grité, nadie me contestó (y una semana después, sigue siendo territorio vedado).

La última daba a un almacén. Dije “Hello” pero ahí no respondió ni Jesús (¡ei, cómo va eso, he he he!). Me quedé en el vestíbulo desamparadísimo. Al rato empezó a aparecer gente. Pregunté a una mujer, que se fue, pero que afortunadamente volvió con otra mujer, que me preguntó de dónde venía, y que después de saberlo me dijo que no tenía ni repajolera idea. Estuvo haciendo unas llamadas y, al rato, una vez que se habían acabados los treinta minutos del lunch (era por eso que salió toda la gente) en lso que sólo había oído hablar en polaco, me dijo que me pusiera el chaleco y que fuera para dentro con un tipo que se presentó como Awn (al tercer día supe que se llamaba Allan) y que me condujo a un muelle de descarga donde estuve vaciando dos camiones con mis compañeros Gregory y Doivney (que luego aprendí de memoria y que realmente se llamaba Voltiek). Fue muy duro y un choc, porque pasé de ir con mis pantalones y mi chaqueta guays visitando agencias a estar con mis pantalones y chaqueta guays currando como un cabrón. Acabé reventado, ¡y sólo fue la mitad de la jornada!

12 comentarios:

Anónimo dijo...

En efecto: lo es. Espero que puedas seguir escribiendo muchos más posts.

Anónimo dijo...

Ànims!! Diuen k el treball dignifica, però lo teu deu ser el sumun!!

hatsue-san dijo...

Trankils, superats els primers dies, ara esta molt millor (tampoc és la gran cosa, pero buenu...)

eightiesfan04 dijo...

AY RICARDO, qué bueno... cómo he disfrutado con tu mierda de trabajo... es TAN auténtico... no sé si te molará que disfrute con tu historia o qué, pero... Es TAN peliculesca. supongo que es lo malo de ver tantas películas, que después miras la realidad de una forma... ehmmm... poco real. en fin, espero que sigas contándonos tus aventuras!

Madame Blavatsky dijo...

sí, yo también he disfrutado mucho... todo lo narras tan así, es tan... no peliculesco sino...

PELOPOLLESCO!!!!!

me ha recordado casi a la época en la que Sonia descubrió el trabajo... qué entrañables sois mientras descubrís que "es una lata el trabajar", que decía Luis Aguilé con sus corbatas gigantescas, pero fundamentalmente porque "todos los días te tienes que levantar".

sigue con la crónica de una tragedia por favor, también me has recordado a un libro que me traumatizó mucho, que se llamaba "Busco plaza de aprendiz" en la que un chico encontraba un trabajo que lo esclavizaba casi de por vida y en la que se retrataba sin cortapisas y sí con mucho pesimismo y mala leche el incierto futuro laboral que nos esperaba a los niños de los 80.

hatsue-san dijo...

Jo laura, que libros más chungos que lees!

Pues si os hace gracia, no os imagináis lo que me río yo cuando lo cuenta a viva voz...pobret!

Madame Blavatsky dijo...

no he especificado que me lo hicieron leer en el colegio, y para postre me hicieron hacer un trabajo espantoso del que ni sqiuiera me acuerdo, de lo único que me acuerdo es de que me advirtieon de que el mundo laboral era un truño y además un infierno.

No, no lo leí voluntariamente. Y si quieres leer un libro maravillosamente chungo: Ensayo sobre la ceguera, de Saramago. Fliparás.

Anónimo dijo...

También se dice que el trabajo es salud... yo llevo 9 días seguidos sin parar trabajando (y hasta el domingo nada de fiesta) y te juro que si el trabajo fuera salud trabajarían los enfermos!

Anónimo dijo...

A mí, "Ensayo sobre la ceguera" me hizo potar. Será que no entiendo el portugués. Aunque mucho peor "L'accident", de Nigel Hinton, que nos lo mandaron leer en la escuela, una tal Montse Carbó, que seguro que os la encontréis en el infierno intentando venderle una enciclopedia al jefe de Ricardo.

El trabajo dignifica, es salud, etc, cierto. Pero hay que tender a trabajar para uno mismo, o para los amiguetes. Muerte al patrón.

Y yo no soy racista, pero ojo con los polacos.

Madame Blavatsky dijo...

No entendí si te hizo potar por lo escatológico del marco o porque te parece una obra horrible. Será que yo no lo leí en portugués...

Hacedme caso, es una obra fascinante.

Y yo me juego un polaco a que tú no eres racista.

;)

Anónimo dijo...

No, para potar, haced caso al amigo cocamarin. L'accident, de Nigel Hilton. XDDDD

I would cry, but I have to go to sleep.

Thanks, by the way. :)

Madame Blavatsky dijo...

¿cómo podéis decir eso?

no tengo más palabras, gente ácida y destructora de buenas novelas.