Oranges oranges oranges something oranges
Después de parar con la cinta, fuimos afuera a recoger unas naranjas que se habían caído de sus contenedores. Olía a mierda, a zumo de naranjas y a pulpa podrida. La masa que se formaba en el suelo era de lo más asquerosa y me daba ganas de vomitar. Usábamos palas, capazos y las propias manos (enguantadas) para cazarlas. El día era soleado y el frío se me pasó. Sin embargo, cuando después tuvimos el descanso, me envolví en mi plumón y no me lo quité hasta volver a casa. Tras la hora del sandwich, tendríamos otras dos horas de cinta, durante las cuales pensé muchas cosas, muchas de las cuales las estáis leyendo. La mayoría de paridas que os pongo se me ocurrieron mientras veía pasar la fruta.
Recuerdo que me vino a la mente un cómic de Alan Moore, D.R. and Quinch, que sacamos de la biblioteca de Portswood y que, sin ninguna duda, es genial. Son las aventuras de dos marcianos súper pasados de vueltas que hacen las mil y una. Están dibujados en un estilo entre caricaturesco y realista con mucha atención al detalle. Los guiones de Moore son una gamberrada constante. El episodio del que me acordé estaba titulado como este post, y en él D.R. y Quinch matan a Marlon Brando sepultándolo bajo una pila brutal de naranjas y hacen de ello una peli de culto. Los adolescentes ven en ella el nuevo referente de su generación y la ven cientos de veces mientras gritan algo así como: ¡Cuidao con las naranjas, Marlon! Hatsue me apuntó que es guiño al Padrino, y los que hayáis visto la saga lo entenderéis. No obstante, aunque no la hayáis visto, como yo, la historieta sigue siendo un partón de caja cien por cien recomendable. No apto para timoratos, que quede claro. XD
Éclaires
Hizo un día precioso. Apestaba, pero el día era maravilloso. Estábamos rodeados de bosque y las hojas brillaban verdes. Hubo un momento en que fui solo a tirar un capazo de naranjas podridas. Me imaginé siendo una caperucita apocalíptica. Cuando volvía de echarlas en el contenedor, vi algo que no me esperaba. En la granja de al lado, había un caballo marrón precioso pastando. Tenía una pequeña mancha en el morro entre los ojos, un poco más debajo de ellos. Me quedé allí un rato, mirándolo. Soplaba una brisa muy agradable y el animal estaba quieto mientras comía, y me miraba. Intenté hacerle una foto con el móvil, pero la cámara es demasiado mala. Pensé en que tal vez me esperaban, pero me dio absolutamente igual. Me quedé allí parado disfrutando de la belleza que puede a uno sorprenderle en mitad de la mayor de las mierdas.
El absurdo
Hubo una escena insoportablemente absurda. Podría llamarla “camusiana”, pero la verdad es que no tengo ni repajolera idea de cómo utilizar ese palabro o de si ni siquiera existe. La escena es esta. Estamos todos en la cadena, que está funcionando pero que está vacía. Esperamos el siguiente contenedor para revisar. Entonces, el camionero polaco que está esperando que le carguen, aparece en el umbral de la puerta del almacén. Está empezando a oscurecer y, a excepción del ronroneo de las máquinas, no se oye nada más. Estamos quietos, inactivos, y el tipo nos mira. Yo miro cómo nos mira, en general. Y así unos cinco minutos. Todos quietos, como estatuas, la monotonía de los motores zumbando en nuestros oídos como enjambres apáticos, y cinco minutos imbéciles. No sé, todavía lo pienso y no lo entiendo.
Volver o/y no volver
Todo el día lo pasamos entre las cintas y la recogida de las naranjas putrefactas. A parte de lo guarro, era un curro que, a diferencia del almacén de las cajas, exigía muchísimo menos esfuerzo, pero era soporíferamente aburrido. Los de la Flame llamaron para ver si queríamos volver el lunes. Yo, dudé, pero al final acepté. Total, después del lunes, podía decir que no.
Pero cuando terminamos, a las seis, cuando el sol se había ocultado y era de noche y nos dimos cuenta que la puta farm no tenía una sola puta bombilla en el exterior o en la cantina, cuando tuvimos que buscar a ciegas nuestras cosas y esperar en mitad de la nada, apenas iluminada por la luz de un montacargas detenido en mitad de la nada, los edificios de palets tragados por la insondable oscuridad abismal, recibimos todos un mensaje que nos decía que el lunes no habría trabajo en la faro y que no teníamos que ir. Nos quedamos con cara de tontos.
De vuelta, tuve que pagarle dos pounds al tipo de Latvia, porque era lo que había acordado con los de la Flame. Él me lo había dicho antes, a la mitad del día, y yo le había respondido que los de la agencia no me habían dicho nada y él me contestó que se lo suponía. Le acabé pagando porque llevaba el dinero, porque vi que Vodra le pagaba también y porque lo consideré justo. Además, nos llevó y nos trajo con la calefacción puesta, los asientos eran cómodos como colchones LoMonaco y me dejó al lado de casa. ¿Qué más se puede pedir después de todo?
Después de parar con la cinta, fuimos afuera a recoger unas naranjas que se habían caído de sus contenedores. Olía a mierda, a zumo de naranjas y a pulpa podrida. La masa que se formaba en el suelo era de lo más asquerosa y me daba ganas de vomitar. Usábamos palas, capazos y las propias manos (enguantadas) para cazarlas. El día era soleado y el frío se me pasó. Sin embargo, cuando después tuvimos el descanso, me envolví en mi plumón y no me lo quité hasta volver a casa. Tras la hora del sandwich, tendríamos otras dos horas de cinta, durante las cuales pensé muchas cosas, muchas de las cuales las estáis leyendo. La mayoría de paridas que os pongo se me ocurrieron mientras veía pasar la fruta.
Recuerdo que me vino a la mente un cómic de Alan Moore, D.R. and Quinch, que sacamos de la biblioteca de Portswood y que, sin ninguna duda, es genial. Son las aventuras de dos marcianos súper pasados de vueltas que hacen las mil y una. Están dibujados en un estilo entre caricaturesco y realista con mucha atención al detalle. Los guiones de Moore son una gamberrada constante. El episodio del que me acordé estaba titulado como este post, y en él D.R. y Quinch matan a Marlon Brando sepultándolo bajo una pila brutal de naranjas y hacen de ello una peli de culto. Los adolescentes ven en ella el nuevo referente de su generación y la ven cientos de veces mientras gritan algo así como: ¡Cuidao con las naranjas, Marlon! Hatsue me apuntó que es guiño al Padrino, y los que hayáis visto la saga lo entenderéis. No obstante, aunque no la hayáis visto, como yo, la historieta sigue siendo un partón de caja cien por cien recomendable. No apto para timoratos, que quede claro. XD
Éclaires
Hizo un día precioso. Apestaba, pero el día era maravilloso. Estábamos rodeados de bosque y las hojas brillaban verdes. Hubo un momento en que fui solo a tirar un capazo de naranjas podridas. Me imaginé siendo una caperucita apocalíptica. Cuando volvía de echarlas en el contenedor, vi algo que no me esperaba. En la granja de al lado, había un caballo marrón precioso pastando. Tenía una pequeña mancha en el morro entre los ojos, un poco más debajo de ellos. Me quedé allí un rato, mirándolo. Soplaba una brisa muy agradable y el animal estaba quieto mientras comía, y me miraba. Intenté hacerle una foto con el móvil, pero la cámara es demasiado mala. Pensé en que tal vez me esperaban, pero me dio absolutamente igual. Me quedé allí parado disfrutando de la belleza que puede a uno sorprenderle en mitad de la mayor de las mierdas.
El absurdo
Hubo una escena insoportablemente absurda. Podría llamarla “camusiana”, pero la verdad es que no tengo ni repajolera idea de cómo utilizar ese palabro o de si ni siquiera existe. La escena es esta. Estamos todos en la cadena, que está funcionando pero que está vacía. Esperamos el siguiente contenedor para revisar. Entonces, el camionero polaco que está esperando que le carguen, aparece en el umbral de la puerta del almacén. Está empezando a oscurecer y, a excepción del ronroneo de las máquinas, no se oye nada más. Estamos quietos, inactivos, y el tipo nos mira. Yo miro cómo nos mira, en general. Y así unos cinco minutos. Todos quietos, como estatuas, la monotonía de los motores zumbando en nuestros oídos como enjambres apáticos, y cinco minutos imbéciles. No sé, todavía lo pienso y no lo entiendo.
Volver o/y no volver
Todo el día lo pasamos entre las cintas y la recogida de las naranjas putrefactas. A parte de lo guarro, era un curro que, a diferencia del almacén de las cajas, exigía muchísimo menos esfuerzo, pero era soporíferamente aburrido. Los de la Flame llamaron para ver si queríamos volver el lunes. Yo, dudé, pero al final acepté. Total, después del lunes, podía decir que no.
Pero cuando terminamos, a las seis, cuando el sol se había ocultado y era de noche y nos dimos cuenta que la puta farm no tenía una sola puta bombilla en el exterior o en la cantina, cuando tuvimos que buscar a ciegas nuestras cosas y esperar en mitad de la nada, apenas iluminada por la luz de un montacargas detenido en mitad de la nada, los edificios de palets tragados por la insondable oscuridad abismal, recibimos todos un mensaje que nos decía que el lunes no habría trabajo en la faro y que no teníamos que ir. Nos quedamos con cara de tontos.
De vuelta, tuve que pagarle dos pounds al tipo de Latvia, porque era lo que había acordado con los de la Flame. Él me lo había dicho antes, a la mitad del día, y yo le había respondido que los de la agencia no me habían dicho nada y él me contestó que se lo suponía. Le acabé pagando porque llevaba el dinero, porque vi que Vodra le pagaba también y porque lo consideré justo. Además, nos llevó y nos trajo con la calefacción puesta, los asientos eran cómodos como colchones LoMonaco y me dejó al lado de casa. ¿Qué más se puede pedir después de todo?
6 comentarios:
juas! lo que más me ha gustado es lo de la caperucita apocalíptica XD Qué bueno Ricardo, cuantas ganas tengo de verte. no creo q me meta en el flickart ese o como se llame porque no tengo una conexión suficientemente digna como para colgar fotos. igualmente, no me gustaría tener una persona más desconocida a la que odiar.
jajajajaja tío casi vomito con la explicidad de tus palabras respecto a los olores de tu lugar de trabajo. XD
venga tio, que vaya bien por peletania!
nos leemos!
Tranqui sonia, lo conoceras, así que ya no sera un desconocido al que odiar! XD
a mi no me echas de menos? Snif, snif!
Hola Ricardo;
tío qué pasa que no escribes ni un comentario más?
Espero que todo vaya bien ;-)
Quería decir entrada ;-)
Para que luego digan que el zumo de naranja es sano, hay que joderse. Espero que estas aventuras te sirven por lo menos... para contarlas a los nietos.
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