Finalmente, la vuelta de Gregory no obtuvo los resultado de share esperados, lo cual dejaba el retorno de Loco Polski un poco más que inútil. Ingeniosamente, los guionistas, cuando volvieron de su huelga, se las arreglaron para que no fuera así. Gracias a su retorno, conocí una nueva manera de llegar al trabajo. Era con el 17. Por culpa del esquemático mapa de First Line, mi horripilante orientación y mi mayor desconocimiento de calles sotonesas, no pude hacerme una idea clara de cuán cerca estaba la parada del polígono industrial donde trabajo.

El espacio entre C y B son unos quince minutos caminando. En realidad, este camino ya me lo había enseñado Gregory una funesta mañana, creo recordar que fue el martes de la segunda semana en Import Services, en que el se durmió y yo me estuve solo en mitad de la calle durante unos diez minutos, a las siete de una nocturnal y lluviosa mañana de enero. Habíamos quedado para que él me enseñara dónde coger el número 18 de la compañía Blue Star, una de las tres que operan en la ciudad. No podía, entonces, coger otro autobús para llegar al polígono de Nursling que no fuera ése.
En ese momento, yo no tenía ni idea de dónde estaba realmente la parada. Lo único que sabía es que pasaba por el centro. Corrí bajo la lluvia en esa dirección. Soplaba un viento tan fuerte que el paraguas se dio la vuelta un par de veces hasta que acabó rompiéndose el mango, y la seta pelirroja que había servido para mantenerse seco salió volando vete tú a saber dónde. Alcancé el ayuntamiento empapado y ahí empecé a mirar paradas y a preguntar a la gente. Justo cuando iba a consultar con una mujer, una voz detrás de mí me dijo “What are you doing here?” y me giré y era Gregory.
Me preguntó por qué no le había esperado, que sentía mucho haberse dormido (a pesar de que el día anterior me había asegurado que nunca lo hacía), y yo cabreado como un mono le debí de soltar de todo. Gregory me preguntó qué llevaba en la mano y yo, confuso, miré que todavía aguantaba la mitad del mango partido; tan furioso estaba que no lo había soltado todavía. Lo tiré en un cubo de la basura y enseguida llegamos a la parada. ¡Y según el panel electrónico ya había pasado! Hubiera sido mi primer día tarde si Loco Polski no hubiera nacido con una flor en el culo y, justo en el momento de las maldiciones, el 18 apareciera girando la esquina del ayuntamiento.
La parada donde nos bajamos no podía ser peor. Tuvimos que atravesar a oscura un campo fangoso, y luego la carretera, con todos esos coches rugiendo como monstruos y el agua calándome hasta los huesos. Él decía “Shit!”, pero no con excesiva molestia. Sería dos meses después, cuando a las seis de la mañana ya empieza a amanecer, que recorrería de nuevo ese camino, ahora tranquilo, con un huerto de coles de Bruselas, o tal vez brécol, y una carretera ni la mitad de amenazadora. Así me reencontré con la parada del 17 de First Line, que era la misma del 18 de Blue Star. Los guionistas lo bordaron, vamos.

El espacio entre C y B son unos quince minutos caminando. En realidad, este camino ya me lo había enseñado Gregory una funesta mañana, creo recordar que fue el martes de la segunda semana en Import Services, en que el se durmió y yo me estuve solo en mitad de la calle durante unos diez minutos, a las siete de una nocturnal y lluviosa mañana de enero. Habíamos quedado para que él me enseñara dónde coger el número 18 de la compañía Blue Star, una de las tres que operan en la ciudad. No podía, entonces, coger otro autobús para llegar al polígono de Nursling que no fuera ése.
En ese momento, yo no tenía ni idea de dónde estaba realmente la parada. Lo único que sabía es que pasaba por el centro. Corrí bajo la lluvia en esa dirección. Soplaba un viento tan fuerte que el paraguas se dio la vuelta un par de veces hasta que acabó rompiéndose el mango, y la seta pelirroja que había servido para mantenerse seco salió volando vete tú a saber dónde. Alcancé el ayuntamiento empapado y ahí empecé a mirar paradas y a preguntar a la gente. Justo cuando iba a consultar con una mujer, una voz detrás de mí me dijo “What are you doing here?” y me giré y era Gregory.
Me preguntó por qué no le había esperado, que sentía mucho haberse dormido (a pesar de que el día anterior me había asegurado que nunca lo hacía), y yo cabreado como un mono le debí de soltar de todo. Gregory me preguntó qué llevaba en la mano y yo, confuso, miré que todavía aguantaba la mitad del mango partido; tan furioso estaba que no lo había soltado todavía. Lo tiré en un cubo de la basura y enseguida llegamos a la parada. ¡Y según el panel electrónico ya había pasado! Hubiera sido mi primer día tarde si Loco Polski no hubiera nacido con una flor en el culo y, justo en el momento de las maldiciones, el 18 apareciera girando la esquina del ayuntamiento.
La parada donde nos bajamos no podía ser peor. Tuvimos que atravesar a oscura un campo fangoso, y luego la carretera, con todos esos coches rugiendo como monstruos y el agua calándome hasta los huesos. Él decía “Shit!”, pero no con excesiva molestia. Sería dos meses después, cuando a las seis de la mañana ya empieza a amanecer, que recorrería de nuevo ese camino, ahora tranquilo, con un huerto de coles de Bruselas, o tal vez brécol, y una carretera ni la mitad de amenazadora. Así me reencontré con la parada del 17 de First Line, que era la misma del 18 de Blue Star. Los guionistas lo bordaron, vamos.
8 comentarios:
Visto que tenemos más visitas, no podemos escribir sobre nuestras anteriores visitas. Después de la resaca de la fama, ya os hablaremos de alguien más que no sea YO. XDDDD
Hola!
jajaja tío te entiendo muy bien en eso del clima, aquí últimamente hace un tiempo de MIERDA!, LLUEVE Y HACE VIENTO, y a veces el paraguas se me dobla y me cago en su puta madre... ohh... que a gusto me he quedao.
Tu compi Gregory me lo imagino como un gigantote, de andares toscos y mirada dura.
Aquí nuestros autobuses son así como de la segunda guerra mundial, pero pasan muchos y puntuales. Lo que pasa es que los conductores parecen borrachos o que estén pilotando en una cacería de locos, lo difícil es aguantar el equilibrio en el bus.
Vivan los guionistas!
jajajaj, muy bueno,
la verdad es que las inclemencias del tiempo deben ser duras, aunque a mí lo que me agobie sea el calor... pero tener que salir cuando está diluviando... es un palo. Por eso me he comprado unas botas imermeables para cuando vaya a veros!! jejejje
Me enanta que haya vuelto Gregory, pero a quien de verdad echo de menos es a Les, alias the Fucking Chief.
Perdonad por no haber escrito... pero es que he estado malita!! con un pedazo catarro complicado con alergias, y s que aquí ... también hace un tiempo de mierda, joder!!!!
Ponte buena, Blavatsky, que hay que follar, y si no se está buena... El mundo es muy cruel, vamos. XDD
Y Marc, eres un partón padre. XD
no me presionéis más.. después de que mi padre me dijera hoy que "me busque novio" y que "se me está pasando el arroz".. no creéis que ya tengo suficiente? tened compasión de mí!!
Pfff, hay que ver como conviertes tu vida en una teleserie...
sí, el tío tiene una vocación teatral escondida...
Publicar un comentario