jueves, 6 de marzo de 2008

Principio de la sexta semana

En esta semana se tambalean especialmente mis recuerdos. Debo asomarme a las nóminas para intentar reconstruir las horas que hice.

Lunes (13º)
Estuve descargando. En el almacén estaba Peter pero no Bart. Julian todavía no había vuelto y Allan ocupaba su lugar. Más tarde, vino el único oriental de la plantilla a ayudarme. No es su cometido, pero a la hora de currar, aquí todos arriman el hombro. El oriental suele conducir un forklift especial de color rojo, más grande que los que utilizan Les, Peter o Allan; con él, se encarga de distribuir la mercancía entrante a lo largo de los insondables pasillos repletos de palets. Gregory siempre lo llamaba Jackie Chan, y ese día descubrí que realmente lo llaman Jackie. A veces se lo acortan a Jack, aunque nunca lo tratan de Chan. Supongo que éste último es aporte de mi gracioso compañero polaco.

Pues hechas las presentaciones, debo decir que Jackie me hizo trabajar, si no como un chino, como un cabrón. Hablaba poco y era reservado, y atestigüé que eso que decía James Clavell en Shogun sobre la risa en Oriente, enmascaradora habitual de momentos comprometidos o vergonzosos, es cierto. Es una risa extraña, sin venir a cuento, y una vez me hizo estremecer. Peter, por su parte, desempeñó un papel bastante molesto, el de lameculos de Allan, y no me gustó nada. Acabamos a la cuatro, media hora antes de lo debido. Peter, muy amable, me llevó en coche hasta una parada de autobús cerca de su casa. Allí cogí el 17, que conecta con el centro en sólo treinta minutos, todo un récord comparado con los otros que había cogido hasta el momento (debo redactar un post sobre los trayectos para llegar al trabajo, que tela marinera).

Martes (14º)

Vuelve Bart. Vuelve Julian, creo, pero no le hago preguntas acerca de la cagada del jueves. No hay muchas explicaciones tampoco. Le digo a Bart que el lunes trabajé. Ahora veo de manera difusa a Julian gritándole algo a Bart, algo como “Eres un lento”, pero sin el tono graciosillo usual de Julian, y Bart enfadado o muy serio, acelerando el ritmo. Es curioso. Escribo “veo a Julian gritando” no “oigo a Julian gritando”. Tengo una imagen, pero debe de ser falsa, porque en ningún momento pude ver su cara gritando, porque estaba lejos y porque yo, como de costumbre en Aurora, no debía de llevar puestas las gafas.

Recuerdo que al final acabamos poniendo etiquetas en cajas y que, mientras lo hacíamos, Bart me comentó que estaba a la espera de un nuevo trabajo, en el puerto, conduciendo un toro. Julian nos dijo que este miércoles, de nuevo, no habría trabajo. Cuando salimos, Bart y Peter se pasaron sus teléfonos. Un poco avergonzado, le pedí a Peter si me podía llevar a la parada. Dudó, pero me llevó. Tenía que recoger a su hija y me dejó en otro sitio distinto donde pasaba el 8. Fue la última vez que lo vi.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Más allá de tu nutrición, creo que estás aprendiendo una lección de vida, amigo.
Espero que cuando me recibas el 20 de abril y cuando me despidas el 25, mi visita te sirva para hacer más llevadera la existencia.. o no.

Anónimo dijo...

Tráeme una longaniza de chorizo y jamón serrano, y ya hablaremos... XDDD

Madame Blavatsky dijo...

jajajaj
vamos a ir cargados de embutidos, lso perros de la poli nos van a acribillar joder!

Anónimo dijo...

Bueno, mientras os acribillen a vosotros y dejen intacto el yantar...

A Miguel sus amigos del pueblo le trajeron una paletilla! Cómo? Joder, si como... XDD