Fui después de que el miércoles me telefonearan de la Flame. Hice seis horas en Aurora. Sólo estábamos Julian y yo. Me dediqué por entero a colocar etiquetas. Muy absurdo. No sabía muy bien como tomármelo. Me sentía como si me dieran faena por compasión, como a uno de esos chicos con problemas, por hacerme un favor. En fin, a las dos terminé y me fui, sintiéndome, sin saber muy bien por qué, irremediablemente estúpido.
Una manera de reflejar esta situación, la encontré en lo larguísimas que me resultó esa media docena de horas. Durante toda la jornada no dejé de recordar el principio de Forrest Gump, la novela de Winston Groom y no la peli de Spielberg. En esta escena, un vecino le pide a un Forrest jovencito si le puede echar una mano en “un asuntillo de nada” con el jardín. El pobre chaval acepta de buena fe y acaba quitando todas malas hierbas de aquel infierno de selva, rastrillando, cavando y cargando carretas de tierra. Se destroza la espalda, vamos. Después de tan ardua tarea, el tipo, el mal nacido, decide darle un mísero y miserable dólar. Forrest, que también es el narrador de su vida, confiesa que sintió unas ganas terribles de estamparle el maldito dólar al cabronazo del vecino, pero que en su lugar volvió a su casa, enrollando y desenrollado el billete todo el camino, mirándolo sin poder apartar la mirada y sintiéndose imbécil hasta el tuétano de sus huesos.
Una manera de reflejar esta situación, la encontré en lo larguísimas que me resultó esa media docena de horas. Durante toda la jornada no dejé de recordar el principio de Forrest Gump, la novela de Winston Groom y no la peli de Spielberg. En esta escena, un vecino le pide a un Forrest jovencito si le puede echar una mano en “un asuntillo de nada” con el jardín. El pobre chaval acepta de buena fe y acaba quitando todas malas hierbas de aquel infierno de selva, rastrillando, cavando y cargando carretas de tierra. Se destroza la espalda, vamos. Después de tan ardua tarea, el tipo, el mal nacido, decide darle un mísero y miserable dólar. Forrest, que también es el narrador de su vida, confiesa que sintió unas ganas terribles de estamparle el maldito dólar al cabronazo del vecino, pero que en su lugar volvió a su casa, enrollando y desenrollado el billete todo el camino, mirándolo sin poder apartar la mirada y sintiéndose imbécil hasta el tuétano de sus huesos.
4 comentarios:
jjajaja qué bien que lo cuentas... conozco esta sensación de ... me han tomado el pelo y que tonto o inocente que me siento...
pero tío estás haciendo dinero, y eso nunca es malo
No, no es malo si el fin es bueno o si no fastidias a nadie más que a ti en las consecuencias de ese trabajo.
No todas las formas de hacer dinero son buenas.
Éste, digamos, no es que sea bueno, es que "no es malo".
no todas las formas de hacer dinero son buenas...
yo diría que ninguna lo s, pero es lo que hay!
Y lo que no hay. Que me registren los bolsillos!
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