Al día siguiente de volver de nuestro viaje dublinés y bournemouthiano, fui a la Flame para explicar porque no les había cogido el teléfono, ni cuando me marché a Dublín ni en Dublín, que volvieron a telefonear. Le dije que como no me habían llamado durante los días anteriores, me había ido fuera del país con mi novia.
Quería hablarlo con Gemma, pero ahora habían empezado asurgir un montón de empleados nuevos y la oficina estaba llena de gente que no conocía. Gemma estaba en su descanso y el mequetrefe de Russell estaba sentado en su mesa como un cero a la izquierda.
Le di la información a una chica, que se lo apuntó en su libreta, y me marché. Me sentía como si se lo hubiera dicho a una pared, más bien. Tardarían un mes en volverme a llamar. Antes esto podía haberme preocupado, pero en Bournemouth había cambiado todo.
En el encantado pueblecito costero, que me recordó a mi Torquay del 2002 y, sobre todo y más importante, me trajo de nuevo la felicidad de Torquay en 2002, con todas las novedades que me trajo, con Ainhoa, Leticia, Nuria, Laura y Pilar; me hizo sentir bien y me dio ganas de seguir estándolo. No quería preocuparme por el dinero más.
Me tragué el orgullo, ese orgullo que se me atragantaba, y pedí ayuda a mi padre. Hay que decir que era diferente ahora, con dos meses escasos para volver en vez de los ciento ochenta largos días, 4320 horas, que todavía quedaban en enero. En Bournemouth me liberé de una carga que me hizo mucho más feliz. Hades-Tajo ya no era tan infernal.
Quería hablarlo con Gemma, pero ahora habían empezado asurgir un montón de empleados nuevos y la oficina estaba llena de gente que no conocía. Gemma estaba en su descanso y el mequetrefe de Russell estaba sentado en su mesa como un cero a la izquierda.
Le di la información a una chica, que se lo apuntó en su libreta, y me marché. Me sentía como si se lo hubiera dicho a una pared, más bien. Tardarían un mes en volverme a llamar. Antes esto podía haberme preocupado, pero en Bournemouth había cambiado todo.
En el encantado pueblecito costero, que me recordó a mi Torquay del 2002 y, sobre todo y más importante, me trajo de nuevo la felicidad de Torquay en 2002, con todas las novedades que me trajo, con Ainhoa, Leticia, Nuria, Laura y Pilar; me hizo sentir bien y me dio ganas de seguir estándolo. No quería preocuparme por el dinero más.
Me tragué el orgullo, ese orgullo que se me atragantaba, y pedí ayuda a mi padre. Hay que decir que era diferente ahora, con dos meses escasos para volver en vez de los ciento ochenta largos días, 4320 horas, que todavía quedaban en enero. En Bournemouth me liberé de una carga que me hizo mucho más feliz. Hades-Tajo ya no era tan infernal.
2 comentarios:
ooooooooooooooooohhhhhhhhhh
estamos deseando que lleguéis...
ánimo.
Madame
Muy bien... bien hecho, a mi tb me cuesta pedir dinero o ayuda a mis padres... a veces ese orgullo es mas malo que otra cosa (y esconde mucha vanidad tambien)
Estoy deseando veros a Hatsue y a ti :-) Yo vuelvo a Barcelona el 30 de julio.
Abrazos, Marc
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