viernes, 6 de junio de 2008

Portsweat


Portsmouth y er furbo

El tercer día de su estancia fui con David a Portsmouth, dejando a Hatsue con la Half-Blood, Half-Deaf Princess en casa. Después de unos tres cuartos de hora, bajamos del tren y nos encontramos con el puerto maravilloso de Portsmouth, con un puerto en el que hay un barcazo enorme, tan grande que es más grande que el yate del Rey de España, que es decir, ¡más Bribón que el Bribón de S.M. (lo escribo en mayúsculas para no confundirlo con la editorial de libros infantiles y juveniles, sí, esa en la que también hay un barco…)!

Eran las doce y teníamos que acelerar porque el señor David, como buen freak del fútbol, quería ver el Barcelona-Manchester, a las ocho menos cuarto. En un tira y afloja resolvimos coger el tren para Southampton a las siete, apurando y desechando la idea de ver el partido en Portsmouth. Él me dijo que no pasaba nada, que podía pasar sin verlo, pero le hizo una foto a la pizarra de un pub que anunciaba el partido. ¿Hay algo más que decir? XD

Paseíto por Portsmouth

En la oficina de turismo conseguimos un mapa de la ciudad y nos perdimos. De acuerdo, culpa nuestra por carecer de orientación, ¿pero cómo nos íbamos a aclarar con un trozo de papel donde lo que parecían quince minutos a pie era en realidad la carrera de Maratón? Andamos lo que no está escrito ni dibujado, ni en ningún libro ni en ningún mapa.

Fuimos a la casa de nacimiento de Dickens, dando una vuelta exagerada porque los carteles eran indicaciones para los coches; en vez de cruzar una verja y llegar a la calle, dimos un millón de vueltas increíbles para, primero, no ver la casa y, segundo, encontrárnosla cerrada. “We are closed” nos dijo un tío desde la puerta. Eras las 17:08 y había chapado a las cinco. ¿Os lo podéis creer? No sólo llegamos tarde por su culpa, porque no son capaces de crear ciudades para personas (en muchas otras lo hemos visto, Inglaterra está hecha para coches, ¡para coches que encima conducen por la izquierda!), porque no son capaces de poner dos placas, una para pedestrians y otra para turistas motorizados, no sólo eso sino que además nos cierran a las cinco de un fucking miércoles: al menos podrían cerrar a las seis para dar tiempo a llegar a los que se extravían por culpa de los cartelitos desinformativos.

Luego, otra vez para abajo, nos volvemos a perder por culpa del mapa, llegamos a la costa después de recorrer la sempiterna Victoria Road, bordeamos la costa y, cuando vemos el Spinacle al fondo de todo, nos damos cuenta que queda escasa media hora para que parta el tren que habíamos decidido tomar, pues el siguiente tardaba el doble haciendo más paradas. Corre que te corre, y David que no importa, que le da igual perderse el partido, que ya cogeremos el siguiente, y yo que tengo buenas razones para llegar a las ocho a Southampton, y David que me hace el favor y también corre, porque eso hacen los colegas en momentos de crisis, lanzarse campo a través contigo y no dejarte en la estacada; corremos como condenados, es decir, como viandantes en tierras de la Gran Bretaña, esa Gran Puta donde las calles se cortan o hacen giros inesperados o son remolinos que conducen a pozos de muerte y desesperación y no te dejan otra salida que correr, seguir corriendo, corremos como locos hasta decir basta, hasta sacar nuestros estómagos por nuestras bocas, hasta casi rendirnos, casi, y justo, justito, justísimo un minuto antes de que salga el tren, nos sentamos en nuestros asientos, sudados, destrozados, hechos una mierda, y el vagón empieza a moverse. La verdad es que fue un día de puta madre.

1 comentario:

Marc dijo...

jajaja menudo maratón.... y David que fumando fumando le debería de costar más correr jeje... además yo sé que odia correr... jaja bueno el partido contra el Manchestern pues nos follaron vivos, pero bueno...

Valdría la pena ver ese barcazo enorme, no?