lunes, 9 de junio de 2008

Sant Jordi

Una cosa es no celebrar San Valentín y otra es no celebrar San Jordi. Ese es uno de los pactos que rezan, en este caso, nuestra relación y es también la razón por la que corrimos para coger el tren.

A las cuatro miré el reloj horrorizado. Acababa de ver unas rosas hechas de plumas en una tienda y noté que algo se me clavaba en la nuca. Eran las agujas del reloj y me anunciaba que las tiendas cerrarían y que no habíamos visto ninguna floristería.

Preguntando la encontramos. Fue muy “divertido” porque la floristería estaba en un centro comercial, lejos de la luz del sol que inundaba las calles, y ya esperábamos que vinieran envasadas al vacío o algo así.

David señaló una puerta para acceder al edificio y yo, al no ver ningún cartel, no le hice ni caso. Entramos por la entrada principal y dimos una vuelta del copón hasta llegar a la floristería que estaba junto a la puerta que había señalado David.

La tienducha tenía pinta de sufijo –ucha y las floristas tenían pintas de amargadas y de pasotas. Me cubrieron el ramo a petición mía para que no se estropeasen. Sí, un ramo, o acaso os pensabais que me las darían solas y con una bandera catalana alrededor. (La verdad, lo que más me hubiera gustado hubiera sido una buena rosa solitaria con una Saint George’s cross rodeándola.)

Luego, a las siete de la tarde, durante la gran carrera hacia la estación, medio ahogados, iba vigilando que no me cargase el ramo. Una hora después, en Soton, le entregaba el ramo a mi amada. Puedo certificarlo: teníamos un periodista sacando fotos. XDDDD

1 comentario:

Marc dijo...

jajaja... que gran detalle... con mucho amor y con un periodista para certificarlo jeje... cojonudo

Me ha encantado eso de la tienda con aire a sufijo -ucha

::--))

Visca Sant Jordi i la rosa!