El miércoles me telefonearon de Flame para preguntarme si quería trabajar el viernes a las seis de la mañana en Import Services, el almacén donde había conocido a Gregory (hay que señalar que los de Flame nunca preguntan si “puedes” o “te interesaría” trabajar, sino si “quieres”, eso antes de indicarte siquiera de qué se trata la faena). Les respondí que no tenía problema, pero que tampoco tenía coche, y como los vagos de los peletanos no empiezan el servicio de autobuses hasta las seis y media, pues me resultaba imposible si no me llevaban ellos. Me dijeron que iban a ver si podía ser, que al cabo de un rato me volverían a llamar.
Dos horas después, telefonearon otra vez para preguntarme si me iba bien ir a currar el jueves a las ocho, también para Import Services. “Ok” fue mi contestación. A pesar de lo confuso que resulta todo, uno acaba por ceder y pasar de todo.
Dos horas después, telefonearon otra vez para preguntarme si me iba bien ir a currar el jueves a las ocho, también para Import Services. “Ok” fue mi contestación. A pesar de lo confuso que resulta todo, uno acaba por ceder y pasar de todo.
4 comentarios:
Me está empezando a dar miedo ir a haceros una visita. El mito ese de que África empieza en los Pirineos parece que va ser mentira y la frontera se extiende hasta el Atlántico.
tu odisea es realmente espeluznante...
Joder... qué experiencias estás cogiendo...
Mi admiración, Ricardo ;-)
A d de david:
África somos todos, aunque nos olvidemos.
Salut, company!
Publicar un comentario