sábado, 17 de mayo de 2008

Dormir en el aeropuerto

¿Quién te diría a ti que los aeropuertos cierran? Pues si no te lo ha dicho nadie, te lo digo yo: Los aeropuertos cierran. Los pequeños, por lo menos, sí. El de Bournemouth estaba vacío cuando llegamos a las once de la noche (aunque había uno de esos cacharros en los que lanzas una moneda y da vueltas y vueltas y vueltas). La duda ya nos carcomía por dentro, por eso preguntamos a la chica de información. Y efectivamente, de las 3 a las 5 a.m. ¿Qué hacer?


Al principio nos cagamos. Bueno, Hatsue y yo nos cagamos. Jaime y Miguel se abrazaron a sus latas de cerveza de medio litro y dijeron: No pasaremos frío. Por suerte, algo que no nos había comunicado la pava de información, nos lo dijo un hombre mayor y gordo que estaba cerrando el garito (el aeropuerto). Había una sala al lado para trasnochados. Era una sala de espera extraña, con una máquina para café, otra para refrescos y una tercera para mierdas con chocolate (pues es lo único que dispensan aquí las máquinas, no les pidáis palitos de pan ni galletas princesas). Lo más raro no eran esas tres máquinas sino sus recovecos extraños: había una especie de hueco que parecía una capilla deahuciada donde podía haber habido una cabina de teléfonos pero donde, repito, no había nada más que pared. Luego, al fondo, había una especie de pasillo zigzagueante que te conducía un espejo. Nada más.

Al rato, sentados en las sillas, "recenando", las pantalla de una televisión indicó la llegada del último vuelo y empezó a salir gente de aquel pasillo estrambótico, como por arte de magia. La gente que los esperaba los saludaron y, paulatinamente, fueron abandonándonos a través de la puerta de salida. Inexplicable (o explicable si te dabas cuenta de que no sólo había un espejo sino un portón blando cerrado a cal y canto que se abría y permitía a los pasajeros acceder a la sala de espera).
La noche la pasamos con una chica inglesa que se apoyaba en su maletón enorme y a la que, al igual que a Hatsue, no dejamos dormir. Jaime, Miguel y yo nos pasamos la noche haciendo el chorra o tocando las pelotas, lo que ustedes prefieran. Hatsue nos odio y nos dirigió ya no sólo miradas sino palabras de odio atroz. Al final, todos acabamos más o menos durmiendo estirados sobre los asientos, pero fue una noche bastante larga.

6 comentarios:

Madame Blavatsky dijo...

dios, no puedo imaginar algo más terrorífico que pasar la noche en una sala de espera inglesa con 4 frikis... te acomprndo y te apoyo, Hatsue!!

al menos había moqueta... (imaginad la mierda que debía haber en ella...)

Anónimo dijo...

Cuando dices cuatro frikis, la estás incluyendo a ella supongo, porque el resto somos tres. XDDDDDDDDD

Anónimo dijo...

Que denostado está el concepto friki. Todo el mundo ha dormido en un aeropuerto. El matiz es saber las horas que se ha consumado el acto jeje.

Marc dijo...

qué putada... con lo bien que se está en una cama... a mi hace poco me pasó que mi "querido compañero de piso" se encerró en casa con el pestillo todo borracho y nosotros venga a llamarlo a la puerta y al móvil para que abriera, y como tiene problemas para despertarse nos tuvios que joder y buscarnos la vida para dormir, suerte que vino el cuñado de la compañera de piso y nos llevó a su casa, donde pudimos dormir un poco. Pero esas horas de espera, cuando te estás durmiendo y te despiertas incómodo... agrr... qué coñazo

Madame Blavatsky dijo...

por supuesto, me refería a los tres... hatsue es una friki de otro costal, como la "moi" ;P

Anónimo dijo...

Friki yo?? pero qué demonios?!!esto no lo aguanto, me largo a ver la trilogía del señor de los anillos edición especial traducida a idioma elfo, será posible...